¿Cuento de hadas?

¿Quién no ha disfrutado de niño arrancándose una postilla? Pero luego aprendimos que, al hacer eso, la herida o el rasponazo no cicatrizaba bien, y dejamos de hacerlo, más aún si la herida era importante.

Éste es el cuento de un niño que nunca aprendió eso, y de adulto tuvo una herida bien profunda. Sus compañeros de trabajo le ofrecieron pomadas para cauterizarla, y medicinas para bajar la fiebre que le estaba causando, pero él no les hizo caso. Pasó tiempo y fue cicatrizando, de aquella manera…

Ayer le salió un grano y se lo arrascó hasta hacerse herida.

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